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El espejo interior: las confesiones sobre lienzo de Ernest Compta Llinàs

Ernest Compta Llinàs es un artista nacido, criado y afincado en Barcelona. Aunque su ciudad es mundialmente conocida por su vibrante patrimonio arquitectónico y artístico, Ernest se siente desligado de su influencia inmediata. Se describe a sí mismo como una "persona solitaria" y señala que su obra no está dictada por su entorno externo ni por el ambiente local. Al contrario, su foco artístico se vuelve hacia dentro y explora las profundidades del sentimiento humano a través de una obsesión por el retrato que se prolonga desde hace más de 15 años.
Reinventado por necesidad
Su camino hasta convertirse en pintor a tiempo completo nació de la necesidad y la reinvención. En un principio, Ernest estudió y trabajó en arquitectura. Sin embargo, la crisis económica de 2008 paralizó el sector y dejó a los arquitectos prácticamente sin trabajo. Como siempre había pintado en su tiempo libre y para sus proyectos universitarios, aprovechó la recesión como una oportunidad para dar un giro. "Empecé a pintar y a pintar", recuerda, "y me reinventé".

Un estilo plenamente formado
Al observar su obra, algunos espectadores establecen comparaciones con pesos pesados como Pablo Picasso o Francis Bacon. Aunque aprecia a estos maestros, Ernest sostiene que sus formas tan expresivas son inconfundiblemente suyas. Sorprendentemente, su característico estilo de la exageración no evolucionó lentamente con el tiempo; estuvo presente desde sus primerísimos lienzos. "He cambiado muy muy poco a lo largo de los años", comenta, y señala que un cuadro que pintó al principio se parece bastante a algo que podría haber pintado la semana pasada.
Cada retrato, un autorretrato
Hoy, Ernest pinta sobre todo mujeres. Curiosamente, no pinta a personas reales; sus modelos surgen casi por completo de su imaginación, aunque de vez en cuando recurre a fotografías únicamente para captar una pose o un movimiento corporal concreto. Sin embargo, pese a representar figuras femeninas imaginarias, el verdadero tema de cada lienzo es a menudo el propio artista. "Una amiga me dijo una vez que todos mis retratos son autorretratos", cuenta Ernest. "Es como si pintaras a una mujer, pero mi estado de ánimo siempre queda retratado ahí". Tenga un buen día o uno malo, su estado emocional interno se refleja de forma indeleble en los rostros que crea.

El refugio del taller
El proceso de crear estos espejos emocionales le proporciona una vía de escape envolvente. Cuando está en plena pintura, Ernest pone música, se desprende de sus problemas cotidianos y simplemente disfruta del momento de la creación.
La distancia del coleccionista
Fuera del santuario de su taller, sin embargo, persisten las realidades prácticas del mundo del arte. A pesar de la rica fachada cultural de España y de sus grandes inversiones en arquitectura monumental, Ernest observa una clara falta de tradición de compra de arte contemporáneo entre el público general. Como no existe una cultura extendida de gente corriente que adquiera arte original, vender su obra dentro del país resulta enormemente difícil. Por ello, Ernest depende casi por completo de coleccionistas internacionales que compran sus piezas originales por internet, a menudo sin verlas en persona.
Moverse por este precario paisaje comercial significa que le va "medio bien" —se gana la vida, pero depende de la esperanza mensual de vender lo suficiente para salir adelante—. En lugar de perseguir la fama, su mayor sueño es simplemente alcanzar la estabilidad económica suficiente para no tener que preocuparse por pagar sus facturas.
A través de las incertidumbres económicas, no obstante, su impulso de crear sigue siendo una constante esencial. Para Ernest Compta Llinàs, el lienzo es un espacio vital y silencioso donde los sentimientos pueden comunicarse a través de rostros imaginarios: rostros que, una y otra vez, revelan al artista muy real que hay detrás del pincel.
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