El Refulgir de la Dama
rocio alonso
Las piezas de esta serie no representan el cuerpo. Lo ejercen. Las figuras emergen desde campos de color físicos e implacables, en un cromatismo que cambia de obra a obra pero que en cada una actúa con la misma intensidad. Nunca terminan de materializarse ni de disolverse del todo: habitan un umbral donde presencia y disolución son la misma cosa, y el espectador no logra determinar si lo que tiene delante emerge o se deshace. En esa tensión, la línea funciona como elemento estructural. Nerviosa y acumulada, imposible de ignorar, no actúa como contorno sino como un sistema nervioso expuesto: no describe la figura, la atraviesa. Esa misma lógica gobierna el proceso. Alonso trabaja por acumulación, nunca por corrección, y por eso los escurridos, las dudas, las frustraciones y las decisiones que permanecen sin resolver no se corrigen ni se ocultan: todo se conserva. Ahí está el testimonio vivo del verdadero proceso del artista y su obra, que cruzan el umbral porque saben que esa es la única forma de acercarse a lo que no tiene nombre y aun así exige ser encontrado, exponiendo la búsqueda misma como la obra en sí. Cada obra es, entonces, el registro físico de ese proceso, donde lo matérico y lo emocional se vuelven indistinguibles. La incomodidad no es un efecto secundario. Es el tema.
Obras: 8